Si una persona se concentra en cómo dobla el dedo índice de su mano derecha, podrá imaginarse fácilmente las tres falanges de hueso, perfectamente sincronizadas al ritmo que marcan los músculos flexores y extensores. Pero si se concentra un poco más y se hunde mentalmente en su propio dedo, llegará a las células de sus nervios y músculos. Allí, la señal para mover el dedo viaja en millonésimas de segundo gracias al tránsito de átomos con carga eléctrica a través de las membranas de las células que forman los seres vivos. Hace casi 40 años, dos treintañeros alemanes —apasionados por la ciencia básica, por el mero hecho de saber por saber— decidieron investigar estos mensajes eléctricos. Y desarrollaron un nuevo método para medir esas ínfimas corrientes que permitió detectar las puertas de la célula: los canales iónicos, unas moléculas en la membrana celular que permiten el paso de los átomos cargados. En 1991, aquellos dos jóvenes, Erwin Neher y Bert Sakmann, ganaron el premio Nobel de Medicina por este descubrimiento trascendental. Su curiosidad acabó salvando miles de vidas.Seguir leyendo.
Via: El científico que solo buscaba saber por saber y acabó dando lugar al 13% de todos los fármacos
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