Nunca se llegará a saber si Martin Verfondern murió en el acto o se desangró lentamente y aún estaba vivo cuando su cuerpo fue abandonado por Julio Rodríguez, hijo mayor de Manuel O Gafas, en el inhóspito paraje nevado de As Touzas da Azoreira (A Veiga, Ourense). Lo que se sabe es que hoy, tras el alegato final, el principal acusado por el crimen del “holandés de Petín”, Juan Carlos, hijo pequeño y minusválido de O Gafas, lloraba en su silla, con la cabeza enterrada entre las manos. Mientras en los bancos de atrás, en la Audiencia Provincial de Ourense, Margo Pool, la viuda de Verfondern, ya no podía aguantar más el llanto al que ha tratado de poner barreras durante ocho años y medio. Sentado al lado de Juan Carlos, discapacitado mental y eslabón débil de la familia Rodríguez, su hermano Julio aprovechaba la última palabra como acusado de encubrimiento para pedir “excusas” a la vecina por tanto dolor, y al fin parecía respirar aliviado. Seguir leyendo.
Via: “Le calentaron la cabeza y disparó al holandés para agradar a su padre y a su hermano”
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