El sonido del levante desasosiega y perturba en el cementerio de Tarifa. Ventea con tanta furia entre los nichos que crea sonidos espectrales. No es un buen día para el enterrador Francisco Salvatierra, lleva toda la mañana recogiendo los ramos y coronas que el vendaval arranca. Las únicas tumbas que no le dan faena son las 40 que él va señalando con gesto circunspecto. No tienen ni una flor. ‘Inmigrante de Marruecos’, reza en unas pocas de esas lápidas. En la gran mayoría, ni aparece siquiera un nombre, tan solo un número de diligencia judicial o una fecha. “Es muy duro. Vienen solitos y ahí se quedan. En el entierro solo estamos el de la funeraria y yo, pero yo les rezo a todos un Padrenuestro”, reconoce Salvatierra. Son los que, en su búsqueda de una oportunidad, perdieron la esperanza, la vida y hasta la identidad.Seguir leyendo.
Via: Las tumbas sin nombre del Estrecho

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