Librarse de un dictador en vida no resulta una operación sencilla, aunque tampoco es nada fácil gestionar su muerte. Las dictaduras infligen profundas heridas morales a las sociedades que han tenido que padecerlas, pero también dejan atrás numerosas huellas físicas: monumentos, tumbas, estatuas, hasta barrios enteros, pero también un cuerpo presente… El próximo traslado de los restos de Franco del Valle de los Caídos, el faraónico monumento que mandó construir en el norte de Madrid, puede representar el final de una historia que comenzó hace más de cuatro décadas. A lo largo del siglo XX, muchos países han tenido que enfrentarse a problemas similares, porque los restos de los dictadores han sido venerados, momificados, destruidos, escondidos, robados… y siempre han planteado profundos dilemas.Seguir leyendo.
Via: Qué hacer con el cadáver de un dictador
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