“La escuela estaba lejos. El señor John me llevaba en carro. Eran buenos. Me compraron ropa y helados. Me llevaron a la piscina y a la iglesia. La casa era bonita. Pasaba un río sucio y vi una culebra”. Janne tiene siete años y su lengua materna es el mam, un dialecto de Guatemala. De pronto deja de hablar de Michigan y se esconde en el regazo de su madre. “Está muy sensible”, dice Buenaventura, de 29 años. “Llora, no se me despega”.Seguir leyendo.
Via: Una familia rota por la ‘tolerancia cero’ de Estados Unidos
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