“Lo sentí por todos. Lo sentí por ellos y lo sentí por los que sufrieron los abusos. Lo que está mal, está mal. Otra cuestión es la pecaminosidad. Que una persona haga algo mal es objetivo. Pero si es pecaminoso solo Dios lo sabe”, dice el padre Mike Harcarik en el comedor de su casa, después de oficiar la misa de las 10 de la mañana. El padre lleva 25 años al frente la iglesia de Saint Adalbert y 55 años en el sacerdocio y le suenan, o conoce, a buena parte de los nombres de curas que desvela el informe de los mil horrores contra niños.Seguir leyendo.
Via: Una máquina de abuso y silencio corrompió a la Iglesia en Pensilvania
Categories: Spanish News