A Libbie Custer, la mujer del famoso general George Armstrong Custer, le daban mal rollo los pieles rojas. Incluso ya antes de que los sioux, cheyennes y arapajos mataran en Little Bighorn a su marido y a buena parte del Séptimo de Caballería que comandaba. En sus memorias, en las que relata su vida en Kansas y Dakota junto al célebre y controvertido militar héroe de la Guerra Civil y acreditado luchador contra los indios, narra la aprensión que le producía visitar sus poblados -como el del jefe Perro Loco (!), donde Custer la hizo participar, ellos dos solos, en un consejo de jefes en el que no estaban permitidas las mujeres-, o incluso el mero hecho de estar en presencia de un grupo de prisioneros, incluidos squaws y niños, encerrados en un corral en Fort Hays por el general tras la batalla del Washita: Libbie describe el miedo y la repugnancia que le producen, cree que esconden cuchillos para matarla, su “peculiar olor a indios” la repele y la obliga a ponerse un pañuelo ante la nariz y las pobres ancianas le parecen “encorvadas y repulsivas viejas brujas”.Seguir leyendo.
Via: A la esposa del general Custer no le gustaban los indios

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