Geel tiene un museo de relojes y otro de lámparas. Un campo de orquídeas y un árbol centenario. Varios molinos y un cementerio militar donde yacen los cuerpos de 400 soldados de la Commonwealth que se batieron con los nazis en los campos de batalla belgas. Lejos del retumbar de los cañones, al cerrar los ojos el pueblo suena a ruedas de bicicleta, campanas de iglesia y patios de colegio. El infantil coro de voces es reflejo de una población que no deja de crecer. No hay motivos para lo contrario. Este enclave de Flandes es tan apacible como próspero. Su punto más transitado es la plaza del mercado, donde las terrazas se llenan en cuanto un rayo de sol atraviesa las omnipresentes nubes. Haciendo bueno el tópico, no falta un puesto de patatas fritas con su cola de fieles guardando turno a la hora de comer. Tampoco los inviernos helados. Tiendas cerradas a las seis de la tarde. Calles vacías en cuanto llega la noche. Un lugar donde a la hora de cenar el visitante de latitudes sureñas se pregunta dónde se mete la gente.Seguir leyendo.
Via: Un sitio apacible para un experimento psiquiátrico

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