Dos noches, a dos capítulos por jornada, viendo la serie documental, An American Dream, sobre Donald Trump. Dos noches a cuestas con su vida y milagros. El ascenso social, allá por los años ochenta, y el auge del presente, porque quien de momento quiera ver signos de su decadencia y caída está cegado por un ingenuo optimismo. Como decía Paul Krugman en un demoledor artículo, Por qué puede ocurrir aquí, a los que todavía creen que el sistema democrático americano tiene armas suficientes para defenderse de quien lo socava desde la Casa Blanca habría que despertarles de un sueño que los mantiene tontamente esperanzados y, por tanto, inactivos. Krugman terminaba su columna con una afirmación que estremecía: “Estamos en un punto de no retorno”. Y no es la crisis económica, o no solo, la que atiza el fuego sino la crecida brutal del resentimiento que el discurso simplón y tramposo de Trump sabe manejar con la astucia de quien carece de escrúpulos para aceptar alguna regla del juego.Seguir leyendo.
Via: Y puede ocurrir aquí

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