Lo había avisado. Se podía correr. Correr sin más. Por puro placer. La línea buena y el golpe de gas justo, claro. Pero se podían dejar los cálculos para otro día. Intentar la escapada. Y disfrutar de un camino despejado.Seguir leyendo.
Via: La escapada de Dovizioso en Misano, la caída de Lorenzo
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