La hora de ese tipo de llamadas no se olvida. La una menos diez de la mañana, en el caso de José Javier García. Sonó su móvil: “Verónica ha tenido un accidente”. José chasquea la lengua al recordarlo, fastidiado, sentado en una cafetería a las afueras de Burgos. La voz que le avisaba era la de su ahora ex mujer. Verónica era su hija.Seguir leyendo.
Via: El corredor de la muerte de Burgos

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