Hace calor en Madrid. Son las nueve de la noche y la gente se reúne en los bares de alrededor de la Academia de Cine. A la izquierda las luces azules de la sede del PP en Génova, a la derecha Cristina Cifuentes haciéndose fotos con varias personas que la reclaman. Es la primera salida social, por usar un eufemismo de bárbaros, de la extodopoderosa política del PP dimitida. Le abren paso a Cifuentes, como en los viejos tiempos, pero en lugar de lo que hacía entonces, sonríe y avanza sin detenerse. A 10 metros, el exdiputado socialista Eduardo Madina —“yo estoy de maravilla fuera de la política”— apura la caña a dos mesas de Andrea Levy, que entra en la Academia detrás de Cifuentes sin que las dos se crucen ni se saluden: “No coincidió”, dice lacónica la vicesecretaria general del PP.Seguir leyendo.
Via: Autopsia de la gran corrupción española
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