Aunque España dormía, el último fotograma ya lo conocen. No es novedoso ver a Rafael Nadal brazos abiertos en dirección al cielo ya oscuro de Nueva York, emocionado y agasajado por el público de Flushing Meadows porque acababa de rubricar su tercer triunfo en el torneo, el primero que obtenía desde 2013. No es nueva la imagen, pero el español doblegó al sudafricano Kevin Anderson en la gran final (6-3, 6-3 y 6-4, en 2h 27m) y, entonces sí, llegó el último mordisco a la historia, todavía más épica, más gloria, mayor leyenda.Seguir leyendo.
Via: Nadal es inmenso
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