La debacle era tan grande que resultaba imposible de ver. Incluso los estrategas más conservadores del Partido de los Trabajadores confiaban en que Fernando Haddad, el heredero de la candidatura de Lula, lograría absorber más apoyo del expresidente, teniendo en cuenta que este contaba con el 39% de intención de voto a finales de agosto. Fue su último gran resultado, pocos días antes de renunciar a la carrera presidencial, obligado por el Tribunal Electoral por estar en la cárcel cumpliendo condena por corrupción. Cedió la papeleta a Haddad, el cual acabó la campaña en un estado agónico. Trató de frenar como pudo el avance de Bolsonaro en los lugares más fieles del petismo: los más pobres de la región Noreste. Al menos eso lo ha retenido.Seguir leyendo.
Via: El obligado viaje al centro de Haddad

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