La culpa fue de la celada. Bermudo III, rey de León, la levantó –o simplemente no le protegía bien los ojos– antes de enfrentarse en solitario a cientos de enemigos en la batalla de Tamarón (Burgos, 1037). La lanza adversaria le entró por el ojo derecho, le reventó la órbita ocular y le arrancó el maxilar superior. Además, una decena estoques le atravesaron la parte inferior del tronco. Resultado: muerte en el acto o, como mucho, agonía por múltiples infecciones poco después. Así lo determina la autopsia que un equipo de la Sociedad Española Paleopatología realizó a sus restos en 1997 y que vuelve a salir a la luz tras la polémica de dónde se halla su cadáver: en el panteón real de San Isidoro de León o en el de Nájera (La Rioja). Seguir leyendo.
Via: Así murió Bermudo III, el último rey asturleonés
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