Sorprende que la reina Sofía haya cumplido este viernes 80 años, sobre todo porque no los aparenta. Se había instalado o se ha instalado en una suerte de intemporalidad. Nunca fue demasiado joven. Ni ahora parece mayor. Un pacto mefistofélico con el tiempo y con el espacio que predisponen el gesto de la mano saludando y la sonrisa dilatada, más o menos como si la dramaturgia personal y el mismo peinado representaran un rito contra la adversidad.Seguir leyendo.
Via: Sofía de Borbón, la consorte ilustrada

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