Mi abuela me contó que cuando era niña, un día en Praga vio a un señor que tiraba monedas por la calle y nadie las recogía del suelo. Entonces su madre le explicó que aquellas monedas ya no eran válidas porque el Imperio austrohúngaro había dejado de existir y, aquel día 28 de octubre de 1918, Praga se había convertido en la capital de un nuevo Estado, Checoslovaquia. La niña no entendía nada: ¿cómo era posible que ahora viviera en otro país si todo seguía igual y en su escalera habitaban familias que hablaban alemán y otras yiddish, además del checo?Seguir leyendo.
Via: Por las ruinas del imperio austrohúngaro

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