Rafael Luján era puntual, limpio, ordenado. Cualidades a destacar en un cocinero. Quizá no tuviera el duende de los grandes chefs pero cumplía con creces en su nuevo empleo en el bar Gerardo, en el centro de Zaragoza. En resumen, un tipo corriente, alguien a quien seguramente los clientes y los propietarios del restaurante iban a olvidar al mes de haberse marchado. Sin embargo, tras esa máscara de cotidanidad se escondía El Rey del Cachopo.Seguir leyendo.
Via: El Rey del Cachopo, final de la escapada

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