Estados Unidos no tiene realeza, pero la solemnidad y adoración por el rito que envuelven sus ceremonias políticas -de la toma de posesión de la presidencia al adiós a un mandatario- hacen palidecer muchos fastos monárquicos. Es también un país delicado con los símbolos, volcado en los detalles poderosos que crean relatos, y de ahí el protagonismo de Sully, el perro guía de Bush hasta el final de sus días, cuya imagen tumbado en el suelo, velando el cadáver de su dueño, fascinó a medio mundo esta semana; al igual que el sobrecogedor saludo de militar del senador Bob Dole, de 95 años, que llegó en silla de ruedas ante el ataúd y, con ayuda de un asistente, se levantó temblorosamente para cuadrarse ante su viejo rival de las primarias republicanas de 1988.Seguir leyendo.
Via: El adiós a Bush padre brinda una tregua en la América crispada de Trump
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