Fueron tres horas, pero también toda una vida. Foo Fighters fueron directamente anoche al corazón mismo de lo que es un concierto de rock and roll. Nervio, sangre, sudor, lágrimas, ilusión. Todas esas palabras se sucedieron y se juntaron como un acto de magia en Barcelona en el mismo momento en que una banda de alcance planetario, cuyo hábitat natural son los grandes festivales y estadios, se pusieron a aporrear los instrumentos como si fuera el primer bolo de sus vidas ante una sala de no más de 1.200 personas.Seguir leyendo.
Via: Un delirio llamado Foo Fighters

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