Isco enfiló el pasillo previo a la entrada de las cocheras del Santiago Bernabéu y abandonó el estadio con la cabeza gacha, el cuello firme, y los ojos clavados en el cemento. Llevaba el malagueño el neceser agarrado con el brazo izquierdo, pegado al costado de un cuerpo abatido que caminaba a ritmo pausado tras ser silbado en toda su extensión, señalado por el público como epítome del bochorno ante el CSKA. El vínculo entre jugador y grada sufrió la noche del miércoles un golpe que rompió en mil pedazos una relación que nació de pie a tenor de la reacción de ambas partes. Su negativa a comparecer tras el partido previa afrenta dialéctica —“¿Qué queréis? Hijos de…”—, unida a la ausencia de una respuesta institucional, y a los comentarios remitidos desde el vestuario —“Cuando te silban es que algo hay que cambiar”, dijo Marcelo, que aludió también la negativa de su compañero a lucir el brazalete de capitán tras ser sustituido—, completan un cuadro lleno de grises, que evidencia la pérdida de color de un artista en peligro de destierro.Seguir leyendo.
Via: Isco contra el mundo

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