Las concesiones de Emmanuel Macron, el estado de emergencia terrorista, el frío y seis meses de crisis no han hecho bajar la «fiebre amarilla». Este sábado, al menos 72 personas han sido detenidas en París para impedir incidentes violentos en las manifestaciones de los «chalecos amarillos», que en sus primeras horas reunieron a unas 1.000 personas en la capital francesa. En París, el gobierno no descartaba esta mañana más batallas campales, en los Campos Elíseos, ante el Arco del Triunfo, en varios puntos estratégicos de la geografía parisina, este sábado. Más de ocho mil soldados, anti disturbios, gendarmes y policías han sido movilizados de manera preventiva. En las rotondas de toda Francia, millares o decenas de millares de hombres y mujeres se manifiestan, sin violencia, avanzando un rosario de crecientes reivindicaciones. Tras tres semanas de crisis, Macron cedió total o parcialmente a las primeras reivindicaciones: el precio de los carburantes fue congelado, se anunció una subida de cien euros del salario mínimo y se proyecta una «revisión» de numerosas cargas, tasas e impuestos. Las concesiones de Macron llegaron demasiado tarde: el movimiento de los chalecos amarillos había cambiado, para transformarse en una franquicia de sensibilidades muy diversas. La extrema derecha, la extrema izquierda, muchos pensionistas amenazados por la precariedad, jóvenes de las periferias urbanas de la Francia profunda, consideran ahora «insuficientes» las concesiones de Macron, anunciando una «prolongación» indefinida de la crisis. Sin organización, sin líderes, sin un catálogo concreto de reivindicaciones, la nueva franquicia de los chalecos amarillos es de muy difícil «contento» o «satisfacción». Hace semanas, los chalecos amarillos estaban apoyados por un 70 / 80 % de los franceses, que consideraban justas sus reivindicaciones. Ese apoyo ha caído, relativamente. Según una mayoría de sondeos, de un 50 a un 65 % de los franceses todavía sienten cierta simpatía por los chalecos amarillos. Los estallidos rituales de violencia callejera inquietan al Gobierno, a la opinión pública y a una parte sensible de los chalecos amarillos.
Via: No cede la fiebre amarilla: 72 detenidos en París para evitar incidentes violentos
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