A mediados de los noventa, Wildpoldsried era un pueblo de ganaderos y oficinistas del sur de Alemania como otro cualquiera. No había casi trabajo y los jóvenes emigraban a la ciudad. Preocupados, sus habitantes se juntaron y escribieron una lista larga de las necesidades más acuciantes del pueblo, que acabó siendo una carta a los reyes magos. Querían una piscina, un teatro, un consultorio médico… Calcularon que tardarían dos o tres generaciones en conseguir todo. Diez años más tarde, todos sus sueños se habían cumplido.Seguir leyendo.
Via: Las vacas de los excrementos de oro

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