Después del desconcierto vino la alarma. Minutos después del sismo de 7.1 grados registrado en la Ciudad de México, la gente comenzó a moverse con frenesí. Muchos se dieron cuenta de la magnitud del siniestro por los informativos de la radio de sus coches, atrapados en el embotellamiento. Así se escucharon los primeros reportes de los daños: edificios derrumbados, gente atrapada bajo los escombros, los primeros muertos. Los capitalinos atestiguaron el colapso de su ciudad.Seguir leyendo.
Via: 16 kilómetros de caos y solidaridad
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