Hay ocasiones en las que se amplía la brecha entre el experto, seguro de sus conocimientos, y el ciudadano común cuya experiencia de la vida no coincide con lo que cuentan los datos. Esa brecha puede ser peligrosa, porque los ciudadanos acaban por creer que los están engañando, y no hay nada más demoledor para la democracia que esa desconfianza.Seguir leyendo.
Via: La edad de la ira
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