Hacía siglos que no veía a mis excuñadas por toda esa vaina de las prisas, el estrés y la incomunicación de la vida moderna, y voy y me las encuentro de las primeritas en Colón con sus banderas tamaño toalla de playa, sus plumas gordos contra el frío que pelaba y sus gargantas dispuestas a gritar “¡Viva España!” al mínimo estímulo. Nos vimos de lejos, menudas somos, y nos sorprendimos lo justo. Muchas paellas los domingos en casa de los abuelos de nuestros hijos comentando las noticias de la tele como para no saber de qué pie cojeamos cada una. “Por España hay que estar siempre, hay que venirse arriba”, me soltaron, recién apeadas del autobús fletado por Ciudadanos desde Alcalá de Henares que las había traído, y antes de despedirnos tras alegrarnos muchísimo de vernos y de quedar en llamarnos sin falta un día de estos y ponernos al día de nuestras vidas.Seguir leyendo.
Via: La España venida arriba
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