Sucede horas antes de caer el sol. Cada tarde. Basta situarse en la estrecha Langue de Barbarie, en el barrio de Guet N’Dar, en la ciudad senegalesa de Saint Louis, para contemplar un espectáculo grandioso. Un goteo constante de pirogues (cayucos) surca las aguas del río Senegal y rodea este lugar único hasta llegar a las del Atlántico. Una, otra, tres, ocho, decenas… Un desfile. Barcazas inmensas, muchas veces; policromadas en tonos vivos y repletas de banderas y simbología, de ruegos y deseos, siempre: cada una encomendada a su marabú (líder religioso) respectivo y/o a Mame Coumba Bang, el espíritu femenino que las protege de la ira del océano y, por extensión, también a la ciudad de desaparecer por inundación. Embarcaciones, construidas artesanalmente de una sola pieza de árbol, que transportan a cientos de pescadores cada jornada. En 2014 se calculaban casi 4.000 naves y unos 22.000 pescadores en Saint Louis, sin contar los de otros departamentos y los itinerantes, de Cabo Verde, de Guinea, de Gambia…Seguir leyendo.
Via: Saint Louis, ciudad mestiza y vibrante

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