En cuanto Jordi Turull, nada más empezar la cuarta sesión del juicio, le dijo al fiscal Jaime Moreno “mire usted”, todo el mundo supo en la sala que el buen rollo se había acabado. Hasta ahora, todo había sido de guante blanco. Oriol Junqueras se había conformado con fiar su absolución a la historia, y Joaquim Forn, que sí aceptó las preguntas del fiscal y de la abogada del Estado, protagonizó una leal defensa de su inocencia. Pero Jordi Turull es un personaje más duro de pelar. No en vano se subió al Gobierno de Carles Puigdemont en julio de 2017, cuando la deriva secesionista ya iba en ruta de colisión y los consejeros más prudentes se habían tirado en marcha. El exconsejero de Presidencia llegó al juicio dispuesto a sorprender al fiscal en los primeros minutos del interrogatorio, no dejándole terminar las preguntas, utilizándolas para soltar sus proclamas y tratándolo en muchas ocasiones de forma condescendiente:Seguir leyendo.
Via: La difícil tarea de demostrar la rebelión
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