Es difícil pasar por alto hasta qué punto lo que se ha escrito sobre Susan Sontag tiene que ver con su aspecto. Incluso los ensayos más serios sobre ella suelen incluir algún comentario sobre su físico. Los ríos de tinta pueden resumirse así: era excepcionalmente atractiva. Pero creo que tenía una relación más complicada con la belleza de lo que sugieren la admiración de los observadores y la belleza de sus fotografías. Sus cuadernos están llenos de exhortaciones a sí misma a bañarse más; sus contemporáneos señalaban que a menudo parecía desaliñada, con el pelo retirado de la cara, pero sin peinar, suelto. Incluso se presentaba así en televisión; en una entrevista, su pelo despeinado y la falta de maquillaje contrastan vivamente con la cuidada melena corta de la directora de cine Agnès Varda.Seguir leyendo.
Via: La feminista Susan Sontag contra Norman Mailer

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