Las mudanzas generan tensiones familiares, también divorcios. Más todavía si los integrantes de la tribu en cuestión son diplomáticos y la casa, en realidad, es un palacio. Desde hace meses, el personal de las dos embajadas españolas en Roma —ante el Quirinal y el Vaticano— anda revuelto por el traslado de las dependencias de la representación ante el gobierno de Italia, que ocupa unas oficinas alquiladas en el magnífico Palacio Borghese desde el año 1957. La idea original fue del anterior embajador, Jesús Gracia. Pero el actual jefe de la representación española, y entonces ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, la retomó, tras haber sido desestimada, con argumentos parecidos: demasiado cara y deslucida para la representación española. Dos observaciones que han chocado con la realidad de las alternativas que se barajan.Seguir leyendo.
Via: Una mudanza a la italiana
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