Daniel Zamorano creó un espacio ideal para dejar volar su imaginación de diseñador. Un lugar zen, ordenado, lleno de post-it con mensajes trascendentales, en el que debía brotar la creatividad y el ingenio que le diferenciara en un mundo laboral salvaje. La realidad es que acabó viviendo entre maletas, extraños y camareras de piso. Un forastero en su propio hogar.Seguir leyendo.
Via: Vivir invadido por un 90% de turistas

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