Durante la Comuna de París, en 1871, cuando los revolucionarios se supieron derrotados se dedicaron a quemar todos los edificios públicos que encontraron a su paso, con especial preferencia por las iglesias. Sin embargo, Notre Dame, la catedral que ocupa el centro geográfico de la capital francesa, se salvó de la furia popular (se quemaron unos pocos bancos y el fuego se extinguió sin mayores daños), al igual que había conseguido sobrevivir a la iconoclastia de la Revolución Francesa un siglo antes. Este edificio, que comenzó a construirse en el siglo XII, en pleno apogeo del gótico, y se acabó en el XIX, es uno de los símbolos más poderosos de Francia, pero también de Europa.Seguir leyendo.
Via: La catedral donde se cruzan todos los caminos

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