Las palabras resultan hoy perturbadoras. Alan García acababa de volver a Perú tras casi nueve años de exilio. Era la noche del 27 de enero de 2001. El político se dirigió a la plaza de San Martín, en el centro de Lima, y pronunció un multitudinario mitin que marcó su regreso a la primera línea. “Quiero ante todo hacer una confidencia a ustedes”, dijo. “Por nueve años he caminado solo el mundo. Y a cada paso me decía: podrán dejarme, podrán insultarme, podrán alejarme, pero no romperán mi fe […] no podrán impedir que esté nuevamente junto al pueblo. Y por lejana sea la distancia o profundo fuera el sueño de la muerte, yo sabía que algún día vendría a estar con ustedes”.Seguir leyendo.
Via: La abrupta caída de ‘Caballo Loco’

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