Un buen político es aquel que afronta un problema complejo, lo reduce a sus líneas esenciales y lo resuelve por la vía más rápida, a ser posible sin vociferar. Los candidatos a la presidencia del Gobierno que aparecieron en el archidebate de anoche, el debate final que estaba llamado a ser la madre de todos los debates, no encontraron más vías que la descalificación apocalíptica: los grandes asuntos de los próximos tiempos, desde el papel de España en la UE a la lucha por la hegemonía entre EE UU y China, no están en el radar de la política española; los problemas más cercanos (la crisis territorial y la desaceleración) apenas sirven para tirarse los trastos a la cabeza. El primer asalto ya fue una formidable bronca. Solo hubo un perdedor claro: el popular Pablo Casado, condicionado por los ataques de su competidor en la derecha, Albert Rivera (Cs). Casado recuperó este martes algo de terreno, pero a costa de profundizar las fisuras en el bloque conservador y de elevar el tono. Su contraataque fue una sucesión de martillazos en el mismo clavo: embestidas constantes y un aire de plaga de úlceras que contagió al resto (con la excepción de Pablo Iglesias) y que si se traslada al Congreso anticipa una legislatura imposible, a falta del tribunal de última instancia que será el 28-A.Seguir leyendo.
Via: “No mienta”, la política española se ‘trumpifica’
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