De forma un tanto desconcertante, nos encontramos inmersos en un debate político sobre la futura existencia o desaparición de los Centros específicos de Educación Especial. Y no deja de ser sorprendente, puesto que estas instituciones gozan de un enorme reconocimiento social y cumplen desde hace innumerables años una impagable labor en favor de los menores más vulnerables, aquellos que padecen graves necesidades educativas especiales. No es mi intención avivar el fuego de un debate que considero demagógico, sino expresar mi opinión basada en el «interés legítimo», como padre de Beatriz, una estupenda y feliz chica con una discapacidad intelectual reconocida del 67 %, que ha estado escolarizada tanto en un Centro ordinario, en un Centro de integración y en un Centro específico de E. Especial, con un desigual grado de satisfacción en dichas experiencias. Vaya por delante que defiendo, como cualquier padre de un menor con discapacidad, el mayor grado de inclusión social y educativa. Se ha avanzado mucho en este sentido, afortunadamente, pero hay elementos que no pueden obviarse y debemos buscar entre todos lo mejor para estos menores, por encima de ideologías o utopías. A Beatriz le diagnosticaron un tumor cerebral (epindemoma en fosa posterior) con 22 meses. En un instante, su vida y la nuestra cambió de repente. De ser una niña «normal», pasó a debatirse entre la vida y la muerte, sometida a una operación urgente de más de 10 horas. Como resultado de la intervención quedó en coma inducido y sufrió unas muy severas secuelas cognitivas derivadas de una grave hidrocefalia que, gracias a Dios, fue superando día a día, hasta que pudo volver a percibir sensorialmente, tragar, reconocer, caminar, … Si en lugar de 22 meses y un cerebro con enorme plasticidad, hubiese tenido más edad cuando se produjo la intervención, las secuelas iniciales habrían sido posiblemente irreversibles. Cuando contaba con 4 años la escolarizamos en un Centro ordinario, pues su evolución era gradualmente positiva. Gracias a la labor increíble de su tutora de E. Infantil, pudo mantenerse en el Colegio hasta 1º de E. Primaria. Sin embargo, a pesar de tener un informe de diagnóstico del Equipo de Orientación del Centro que establecía la necesidad de apoyo en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje, la Consejería de Educación no envió ningún apoyo porque no se alcanzaba un número mínimo de niños con necesidades educativas especiales en el Centro (8 alumnos) y, por lo tanto, no existía derecho a dotación alguna. Esto nos llevó a trasladarla en 1º de E. Primaria a un Centro de integración que disponía de profesores de apoyo (AL y PT) en cada una de las clases. Allí cursó de forma satisfactoria la Primaria y ESO, si bien no obtuvo el título de Graduado en ESO, al no haber alcanzado los objetivos generales de la etapa. La experiencia general fue positiva, pero con dos hándicaps importantes: en Primaria, la integración es sincera y real, debido a la edad de los alumnos. Sin embargo, en ESO la integración fue distinta y mucho más limitada, precisamente porque los alumnos a partir de los 12 años, comienzan a formar sus grupos de amigos y eligen a sus afines. Resultado: los alumnos con necesidades educativas especiales se quedaron excluidos del resto de grupos naturales que se formaban en el patio y en distintas actividades, generando su propio grupo que, muchos años después, aún perdura. El segundo hándicap se debió a la crisis económica. La Administración redujo de forma drástica el número de profesores de apoyo , hasta el punto que los padres decidimos ayudar voluntariamente al Centro para que los alumnos no perdiesen dichos apoyos, imprescindibles para su atención. Lógicamente, esta posibilidad de ayuda familiar no la tuvieron otros Centros, recayendo el perjuicio, una vez más, en los alumnos que se vieron privados de apoyos. Cuando finalizó la ESO nos encontramos con que no podía cursar el Bachillerato, ni los Ciclos Formativos de Grado Medio, al no disponer del GESO y la escolarizamos en un Centro específico que ofrecía la Formación Profesional Básica adaptada a la E. Especial. Tengo que decir que fueron dos cursos maravillosos, con una entrega y dedicación de todos los educadores impresionante. Y Beatriz recuperó gran parte de su confianza al encontrarse en un entorno exigente, pero más adaptado y enfocado a sus necesidades. Muchos de sus antiguos compañeros y compañeras se matricularon, asimismo, en este Centro, afianzándose los lazos de amistad y comenzando a disfrutar de un ocio más autónomo durante los fines de semana. Merece una mención especial la realización de las prácticas de ofimática que realizó en una multinacional del sector bio-médico, empresa que se volcó con su integración con un resultado maravilloso. Al término de los dos cursos, pasó a un Centro específico para cursar un programa de inclusión laboral que se encuentra desarrollando en la actualidad. Con este relato, he querido resaltar que ambos modelos, Centros de integración y Centros específicos, son necesarios y complementarios, no excluyentes, cumpliendo la misión de atender al menor de la mejor forma en función de sus necesidades y capacidades. Cualquiera que visite un Centro específico comprobará que muchos de sus alumnos padecen severos problemas cognitivos, sensoriales, motrices, etc, que requieren la atención de numerosos especialistas; no sólo, especialistas en Audición y Lenguaje (logopedas) o Pedagogía Terapéutica, sino fisioterapeutas, educadores, médicos, cuidadores, personal auxiliar encargados de su movilidad, etc. Asimismo, cuentan con espacios e instalaciones adaptadas: aulas sensoriales, mobiliario específico y un largo etcétera de medios pensados para las necesidades de estos menores. Nos guste o no, estos alumnos (por ejemplo, con parálisis cerebral severa) no pueden ser atendidos en Centros de integración, simplemente porque dichos Centros no cuentan (ni quizás puedan contar hasta dentro de muchísimos años), de los recursos materiales y humanos necesarios. Asimismo, un Centro de integración sin recursos suficientes tampoco puede atender las necesidades de los alumnos con menores discapacidades. Seamos realistas por una vez. Cuando las Administraciones educativas infradotan de recursos a los Centros ordinarios (por no existir, no existe dotación para orientación en E.…
Via: Interés legítimo
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