Cannes, considerado legítima y ancestralmente como el festival de los festivales, ha padecido cierto desfallecimiento en sus últimas ediciones, sobre todo por la ausencia del imperio estadounidense, que ha optado porque el Festival de Venecia se convirtiera en la plataforma de su cine para el lanzamiento en Europa e igualmente por la fraternidad que ha establecido Venecia con nuevos y poderosos ricos como Netflix, mientras que aquí no han cedido a las exigencias de esa plataforma audiovisual empeñada en otra forma de consumir el cine, a domicilio, sin necesidad de pisar aquellos templos que algunos ya empezamos a añorar y a llorar denominados salas. Pero Cannes ha logrado este año que se presente aquí la película más esperada del cine norteamericano. Se trata de Érase una vez en… Hollywood,que lleva la irresistible firma de Quentin Tarantino. También acude Terrence Malick, ese director que puede ser sublime o insoportable. Y permanecen fieles a la cita con este certamen que tanto les ama y al que tanto aman las últimas obras de Pedro Almodóvar, Ken Loach y los hermanos Dardenne. O sea, que las expectativas existen, que no te invade el escalofrío al ojear la programación.Seguir leyendo.
Via: Inauguración olvidable con los zombis de Jim Jarmusch

Categories: Spanish News