Nadie discute que estamos ante la mayor crisis política e institucional de nuestra democracia, provocada por los independentistas catalanes. Y que tiene más profundidad estratégica que la asonada militar del 23 de febrero de 1981. Entonces se trató de un golpe de Estado “clásico”, abortado gracias al rey Juan Carlos y a las enormes torpezas de sus criminales instigadores.Seguir leyendo.
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