Luis Aguilar se pone en alerta en cuanto llega la primavera. Lleva días vigilando con paciencia un agujero que apareció en un macetero frente al edificio que mantiene. “Hay por lo menos ocho crías”, calcula. Pero antes de coger la pala y empezar a destrozar la madriguera con la madre dentro, tira de un rollo de cinta de embalar para cerrarse el hueco del pantalón a la altura de los tobillos. “Las ratas buscan siempre un sitió para esconderse cuando están arrinconadas”, advierte.Seguir leyendo.
Via: Nueva York pierde la guerra contra las ratas

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