Una mesilla abarrotada de libros a la espera de un poco de atención. El montón se ha convertido en columna que no cesa de crecer en número y en angustia. Quizá sea la habitación de un lector, pero también es la imagen que ilustra la portada del nuevo número de la revista The New Yorker. La asfixia de esa pareja, en su cama, parece tener explicación en la sobreproducción de novedades, la falta de tiempo para leerlas y la aparición de nuevos enemigos que compiten por quedarse con el escaso tiempo libre.Seguir leyendo.
Via: La literatura se pone a dieta y pierde páginas
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