Era una idea demente. De las que nacen producto de la embriaguez y se desvanecen con la resaca. Pero estaban borrachos de rabia, así que no había antídoto. Era 1969 y los gais arrastraban el seudónimo twilight (crepusculares) porque solo salían de noche. Practicar un acto afectivo con alguien del mismo sexo era ilegal en Estados Unidos, así como los bares de ambiente, que solo operaban controlados por la mafia. Cuando la policía los detenía, se arriesgaban a años de cárcel, ser despedidos de sus trabajos o, en el caso de las mujeres, a perder la custodia de sus hijos. La prensa hacía de paparazzi para conseguir un rostro descubierto en el soterrado escenario nocturno. Pero ahí estaba Martha Shelley, la única lesbiana en una sala con 400 hombres homosexuales, proponiendo su idea: “Hagamos una marcha a plena luz del día, una marcha del orgullo”, dijo, antes de pedir que levantaran la mano quienes estuvieran de acuerdo. Los brazos se extendieron hacia lo alto.Seguir leyendo.
Via: La mujer en el origen del arcoiris
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