{"id":116475,"date":"2019-10-27T12:42:11","date_gmt":"2019-10-27T11:42:11","guid":{"rendered":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/2019\/10\/27\/los-genios\/"},"modified":"2019-10-27T12:42:11","modified_gmt":"2019-10-27T11:42:11","slug":"los-genios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/?p=116475","title":{"rendered":"Los genios"},"content":{"rendered":"<p>Con apenas quince a\u00f1os, Jimmy Barclays entr\u00f3 a trabajar como practicante al diario \u00abLa Prensa\u00bb porque su madre, Dorita Lerner, preocupada por su conducta d\u00edscola, quer\u00eda que hiciera algo \u00fatil durante las vacaciones escolares y era amiga del director del peri\u00f3dico, Arturo Salcedo, a quien le pidi\u00f3 que se inventase un empleo no remunerado para su hijo descarriado, oveja negra, que no hab\u00eda querido confirmarse en la religi\u00f3n cat\u00f3lica y afirmaba con insolencia que hab\u00eda dejado de creer en Dios, lo que sum\u00eda a Dorita en profundas depresiones. Canoso, risue\u00f1o, narig\u00f3n, Salcedo recibi\u00f3 al joven Barclays en el vetusto local del diario y le encomend\u00f3 que se ocupase de cortar los cables que llegaban estrepitosamente a los teletipos de la p\u00e1gina internacional. Rodeado de periodistas veteranos que golpeaban con frenes\u00ed sus viejas m\u00e1quinas de escribir en una sala de redacci\u00f3n que parec\u00eda manicomio o cantina o meretricio, Barclays comprendi\u00f3 que hab\u00eda llegado al lugar correcto. Fue as\u00ed como el virus del periodismo le fue inoculado. Fue as\u00ed como conoci\u00f3 a los genios. Los genios, as\u00ed llamados por el jefe de la p\u00e1gina editorial, Jorge Wallace, o los j\u00f3venes turcos, bautizados as\u00ed por el director del diario, eran estudiantes universitarios, precoces escritores e intelectuales, promesas de la pol\u00edtica que contaban entre diecinueve y veintitr\u00e9s a\u00f1os y ya ocupaban cargos influyentes en el peri\u00f3dico. Siendo mayores que Barclays, lo adoptaron como el benjam\u00edn de la cofrad\u00eda. Todos, salvo Barclays, hab\u00edan sido elegidos por el l\u00edder de la hermandad, Federico Salcedo, hijo del director del peri\u00f3dico, el \u00fanico de los genios que no asist\u00eda a la universidad. Narig\u00f3n y risue\u00f1o como su padre, lector infatigable de los cl\u00e1sicos pensadores liberales, adorador de Borges, poeta clandestino, Salcedo pensaba como un liberal y viv\u00eda como un libertino: era alcoh\u00f3lico, amanec\u00eda en las cantinas del centro, y amaba a las mujeres, no solo a sus novias oficiales y furtivas, sino principalmente a las putas, de las que era amigo y confidente. Era, pues, un poeta beodo y puta\u00f1ero, y sus disc\u00edpulos lo adoraban por su formidable talento intelectual y su vida licenciosa. Dirig\u00eda el suplemento dominical del diario. Todas las semanas, invitaba a una puta o una vedette a las oficinas del suplemento, la hac\u00eda bailar en tanga sobre la mesa principal de la redacci\u00f3n, la entrevistaba y le hac\u00eda fotos relami\u00e9ndose y le daba dos p\u00e1ginas ese domingo. Naturalmente, las putas lo amaban y no le cobraban. El mejor amigo de Federico Salcedo era tambi\u00e9n un escritor a hurtadillas; amante de las mujeres, pero no de las putas; sibarita y vividor, sin llegar a ser alcoh\u00f3lico; conspirador de la secta liberal de los genios, pero infrecuente visitante del peri\u00f3dico, pues le daba pereza meterse en el caos del centro de la ciudad. Se llamaba Mario Gambini y escrib\u00eda como los dioses y sus colegas genios pensaban que alg\u00fan d\u00eda escribir\u00eda la gran novela en lengua espa\u00f1ola de su generaci\u00f3n. Profesor de lengua, lector devoto de Borges y Bioy Casares, seductor de las mujeres m\u00e1s lindas, Gambini dirig\u00eda desde su casa las p\u00e1ginas culturales del peri\u00f3dico, al tiempo que escrib\u00eda poemas, relatos, novelas que nadie pod\u00eda leer, ni siquiera su hermano Ricardo, m\u00fasico consagrado, ni Federico Salcedo, su mejor amigo desde ni\u00f1os, desde el colegio alem\u00e1n. Todos en la cofrad\u00eda de los genios quer\u00edan leer sus cuentos y su poes\u00eda, pero \u00e9l era tan refinado o pudoroso que escond\u00eda esos escritos y dec\u00eda que solo se publicar\u00edan despu\u00e9s de su muerte. Por eso los genios lo admiraban todav\u00eda m\u00e1s, pues Gambini cultivaba la humildad y era renuente a toda forma de exhibicionismo. Los principales editorialistas del peri\u00f3dico, Enrique Garz\u00f3n y Carlos Espada, trabajaban en escritorios uno al lado del otro, separados por dos metros, pero eran enemigos y no se hablaban. Ambos escrib\u00edan unos editoriales furibundos que reflejaban la opini\u00f3n del diario. No los firmaban. Eran textos incendiarios contra el Estado, las empresas p\u00fablicas, el d\u00e9ficit fiscal, la burocracia, los charlatanes de izquierda. Eran virulentas proclamas libertarias a favor de la privatizaci\u00f3n de las empresas p\u00fablicas, de todas las empresas p\u00fablicas, y tambi\u00e9n de las universidades y las c\u00e1rceles, de las carreteras y los hospitales, de las playas y el mar. Garz\u00f3n era de corta estatura, tend\u00eda a ser gordo y ten\u00eda la cabeza muy grande. Era astuto, inteligent\u00edsimo, chismoso e intrigante. A tan temprana edad, hab\u00eda le\u00eddo a Adam Smith, a Mises y Hayek, a Popper y Friedman. Por su parte, Espada, hijo de espa\u00f1oles, alto y envanecido, enjuto y presuntuoso, viv\u00eda en un castillo, quer\u00eda ser diplom\u00e1tico y escritor y pose\u00eda un humor \u00e1cido, corrosivo. Mientras Garz\u00f3n le\u00eda en su biblioteca a los sabios liberales, Espada visitaba los cines del centro para ver pel\u00edculas pornogr\u00e1ficas. No se hablaban, no se saludaban, se odiaban, a pesar de que escrib\u00edan uno al lado del otro y coincid\u00edan en todo, o casi todo, cuando pontificaban sobre pol\u00edtica y econom\u00eda. Se detestaban porque compet\u00edan. Garz\u00f3n quer\u00eda que despidieran a Espada para ser el \u00fanico editorialista sabiondo del diario. Espada quer\u00eda que echaran a Garz\u00f3n por la misma raz\u00f3n. Se odiaban porque la competencia, lejos de hermanarlos, los enfrentaba, los convert\u00eda en rivales insidiosos. Hab\u00eda que verlos tecleando sus viejas m\u00e1quinas de escribir como si fuese el fin de los tiempos y ellos tuviesen la pesada responsabilidad de anunciarlo. El genio a cargo de la p\u00e1gina econ\u00f3mica se llamaba Iv\u00e1n Alfonso. De todos los genios, parec\u00eda el m\u00e1s deslumbrante y pod\u00eda ser el m\u00e1s afable. A diferencia de sus colegas, viajaba con frecuencia, hablaba varias lenguas, era cosmopolita, so\u00f1aba con hacer una maestr\u00eda y un doctorado en el extranjero. Pero, como a los dem\u00e1s c\u00f3frades, el mundo del poder le resultaba fascinante, irresistible, y por eso quer\u00eda capitanear la gran revoluci\u00f3n liberal. Le\u00eda en ingl\u00e9s, amaba a las mujeres, sobre todo a las azafatas, era sagaz invirtiendo en la Bolsa y sab\u00eda m\u00e1s de econom\u00eda y finanzas que el ministro de turno. Finalmente, completaban la congregaci\u00f3n de los genios el jefe de la p\u00e1gina h\u00edpica, Freddy Chiriboga, y el&hellip;<br \/>\nVia: <a href=\"https:\/\/www.abc.es\/opinion\/abci-jaime-bayly-genios-201910271242_noticia.html\" target=\"_blank\">Los genios<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con apenas quince a\u00f1os, Jimmy Barclays entr\u00f3 a trabajar como practicante al diario \u00abLa Prensa\u00bb porque su madre, Dorita Lerner, preocupada por su conducta d\u00edscola, quer\u00eda que hiciera algo \u00fatil durante las vacaciones escolares y era amiga del director del peri\u00f3dico, Arturo Salcedo, a quien le pidi\u00f3 que se inventase [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":116476,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"class_list":["post-116475","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-spanish"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/116475","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=116475"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/116475\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/116476"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=116475"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=116475"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=116475"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}