{"id":120452,"date":"2019-11-24T14:20:56","date_gmt":"2019-11-24T13:20:56","guid":{"rendered":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/2019\/11\/24\/las-orillas-del-rencor\/"},"modified":"2019-11-24T14:20:56","modified_gmt":"2019-11-24T13:20:56","slug":"las-orillas-del-rencor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/?p=120452","title":{"rendered":"Las orillas del rencor"},"content":{"rendered":"<p>El proceloso mar de las casualidades los arroj\u00f3 a las orillas del rencor y los rebaj\u00f3 a la \u00ednfima condici\u00f3n de enemigos. Ni\u00f1os curiosos, de familias pudientes, Barclays y Bedoyita fueron amigos en el colegio ingl\u00e9s m\u00e1s exclusivo de la ciudad. Sus padres se conoc\u00edan y militaban en un partido pol\u00edtico conservador. Siendo adolescentes, todav\u00eda en el colegio, empezaron a distanciarse. Bedoyita quer\u00eda ser m\u00fasico, baterista, y so\u00f1aba con vivir en Nueva York. Barclays quer\u00eda ser un pol\u00edtico y fantaseaba con ser presidente o dictador. El \u00faltimo a\u00f1o del colegio tuvieron una pelea no menor. Barclays trabajaba, despu\u00e9s de clases, en un peri\u00f3dico conservador. A pesar de que solo contaba diecisiete a\u00f1os, ya era columnista pol\u00edtico de ese diario. Era furiosa y radicalmente de derechas. Bedoyita le\u00eda las columnas de Barclays y se burlaba de su amigo porque usaba palabras rebuscadas, alambicadas, para darse aires de culto o culterano. Embriagado por la pasi\u00f3n musical, Bedoyita escribi\u00f3 un art\u00edculo sobre los Rolling Stones, se lo entreg\u00f3 a Barclays en el colegio y le pidi\u00f3 que lo publicase en el peri\u00f3dico. Barclays lo ley\u00f3 y le pareci\u00f3 que estaba muy mal escrito. No dud\u00f3 en hacerle numerosas correcciones de forma, de estilo, tratando de preservar el contenido, sin grandes alteraciones. El art\u00edculo apareci\u00f3 en el diario un domingo, firmado por Bedoyita. Pero no era el texto que Bedoyita hab\u00eda escrito. Barclays lo hab\u00eda corregido tan minuciosa y obsesivamente que Bedoyita se sinti\u00f3 traicionado por su amigo: al cuerpo del art\u00edculo le hab\u00edan hecho tantas incisiones o heridas que lo hab\u00edan dejado despedazado, sangrando, o as\u00ed pens\u00f3 Bedoyita. Por eso mont\u00f3 en c\u00f3lera, llam\u00f3 por tel\u00e9fono a Barclays y le dijo: -\u00bfQui\u00e9n carajo te has cre\u00eddo? \u00a1Has destrozado mi art\u00edculo! \u00a1Lo las hecho mierda! \u00bfNo pod\u00edas consultarme tus putas correcciones? Barclays estaba seguro de que el art\u00edculo hab\u00eda mejorado, gracias a sus correcciones. Bedoyita cre\u00eda que Barclays le hab\u00eda saboteado el texto con las m\u00e1s ruines intenciones. Me envidia, pens\u00f3. Por eso jodi\u00f3 mi art\u00edculo, concluy\u00f3. La oportunidad de la venganza se le present\u00f3 a Bedoyita en la fiesta de promoci\u00f3n, tan pronto como concluyeron el colegio. Bedoyita acudi\u00f3 a la fiesta con su novia. A Barclays lo acompa\u00f1\u00f3 una amiga seis a\u00f1os mayor que \u00e9l: modelo, extraordinariamente guapa y llamativa, un cuerpo deslumbrante, hab\u00eda cumplido veinticuatro a\u00f1os. Cuando Barclays entr\u00f3 en la fiesta tomado de la mano de ella, la famosa modelo Dalmacia del Valle, sus compa\u00f1eros de promoci\u00f3n, incluyendo a Bedoyita, la miraron arrobados y salivaron distintos grados de deseo o calentura por ella. Los he dejado fr\u00edos, me est\u00e1n envidiando, pens\u00f3 Barclays, orgulloso de su pareja. No tardaron en salir a bailar. Barclays sinti\u00f3 que hab\u00eda quedado como un dios ante sus amigos y que las chicas miraban a Dalmacia con hostilidad, pues la modelo era tan hermosa que las eclipsaba o ensombrec\u00eda. Lo que Barclays no sab\u00eda ni sospechaba era que Dalmacia del Valle aspiraba coca\u00edna. Cada media hora, ella se disculpaba, se retiraba al ba\u00f1o y volv\u00eda desbordada de euforia, sobreexcitada, con ganas de bailar todas las canciones. Mucho m\u00e1s perspicaz que Barclays, m\u00e1s astuto y malicioso, Bedoyita comprendi\u00f3 que Dalmacia acud\u00eda tan frecuentemente al ba\u00f1o porque estaba consumiendo coca\u00edna a hurtadillas. Encontr\u00f3 la manera de coincidir sigilosamente con ella en la puerta del ba\u00f1o, sin que Barclays lo advirtiera. Entraron juntos y, al aspirar coca\u00edna, compartieron un secreto, se hicieron c\u00f3mplices de una conspiraci\u00f3n ensimismada. Cuando a Dalmacia se le acab\u00f3 la coca\u00edna, hacia las cinco de la madrugada, le dijo a Barclays que ir\u00eda un momento al ba\u00f1o y volver\u00eda enseguida. Pero no regres\u00f3. Se fue con Bedoyita, tal vez a comprar coca\u00edna, o a follar juntos, o a ambas cosas. Lo cierto es que no regresaron ni tan siquiera cuando ya hab\u00eda amanecido. Con aire distra\u00eddo y mirada esquinada, Bedoyita sedujo a la mujer m\u00e1s linda de la fiesta, se qued\u00f3 con la pareja de su amigo. Barclays se sinti\u00f3 traicionado, humillado. Ahora estamos empatados, pens\u00f3 Bedoyita. Meses m\u00e1s tarde, ambos ingresaron a una universidad de prestigio. Barclays hab\u00eda estudiado mucho m\u00e1s que su amigo y ten\u00eda mejor memoria que \u00e9l. Debido a eso, entr\u00f3 en el puesto 28 y se ufan\u00f3 de ello. Bedoyita, menos competitivo, m\u00e1s relajado, estuvo satisfecho de ingresar en el puesto 314. Raramente se encontraban en la universidad y, cuando lo hac\u00edan, apenas cruzaban palabras. Barclays quer\u00eda estudiar leyes, ser un abogado, dedicarse a la pol\u00edtica, llegar a ser presidente de la naci\u00f3n. Bedoyita, menos ambicioso, m\u00e1s artista, quer\u00eda estudiar literatura y ser un escritor: hab\u00eda desertado del sue\u00f1o de ser m\u00fasico, aunque continuaba siendo un baterista aficionado. Barclays se hizo famoso porque sal\u00eda en televisi\u00f3n hablando de pol\u00edtica, entrevistando a pol\u00edticos, a pesar de que apenas contaba diecinueve, veinte a\u00f1os. Ganaba mucho dinero para su edad. Manejaba un auto de lujo. Viajaba asiduamente a Buenos Aires, su ciudad favorita. Bedoyita consigui\u00f3 trabajo como reportero de una revista semanal. Escrib\u00eda con un talento singular. Escapaba de la fama como si fuera una enfermedad mortal. No se dejaba fotografiar. No hac\u00eda vida social. Era un ermita\u00f1o, un mis\u00e1ntropo, un anacoreta. A veces se encontraban en alguna discoteca subterr\u00e1nea. Bedoyita lo saludaba displicentemente y se alejaba de \u00e9l, como si Barclays apestara. Me envidia porque soy famoso, porque gano m\u00e1s dinero, porque tengo un auto espectacular, pensaba Barclays. Es un exhibicionista, un narcisista, un idiota incurable, pensaba Bedoyita. Cuando Barclays empez\u00f3 a publicar una columna en la revista semanal que compet\u00eda con la de Bedoyita, este lo llam\u00f3 por tel\u00e9fono, furioso, y le dijo: -Eres un traidor. Me copias, me imitas. Pero esa revista es una mierda. Quebrar\u00e1 en poco tiempo. Bedoyita ten\u00eda raz\u00f3n: la revista en la que publicaba Barclays desapareci\u00f3 de circulaci\u00f3n. Acicateado por su madre, una mujer poderosa, Barclays persegu\u00eda la fama, el poder, el dinero. Bedoyita, con gran elegancia, evitaba todo aquello sistem\u00e1ticamente. Era imposible tomarle una foto, hacerle una entrevista, pillarlo sonriendo en una fiesta. Era un espectro huidizo, un escritor afantasmado. Como Barclays era famoso y&hellip;<br \/>\nVia: <a href=\"https:\/\/www.abc.es\/opinion\/abci-jaime-bayly-orillas-rencor-201911241420_noticia.html\" target=\"_blank\">Las orillas del rencor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El proceloso mar de las casualidades los arroj\u00f3 a las orillas del rencor y los rebaj\u00f3 a la \u00ednfima condici\u00f3n de enemigos. Ni\u00f1os curiosos, de familias pudientes, Barclays y Bedoyita fueron amigos en el colegio ingl\u00e9s m\u00e1s exclusivo de la ciudad. 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