{"id":147652,"date":"2020-06-10T02:33:13","date_gmt":"2020-06-10T00:33:13","guid":{"rendered":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/2020\/06\/10\/carta-de-una-enfermera-rural-nosotros-los-que-supuestamente-curabamos-solo-podiamos-cruzar-los-dedos-y-esperar\/"},"modified":"2020-06-10T02:33:13","modified_gmt":"2020-06-10T00:33:13","slug":"carta-de-una-enfermera-rural-nosotros-los-que-supuestamente-curabamos-solo-podiamos-cruzar-los-dedos-y-esperar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/?p=147652","title":{"rendered":"Carta de una enfermera rural: \u00abNosotros, los que supuestamente cur\u00e1bamos, solo pod\u00edamos cruzar los dedos y esperar\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Marzo, 2020. Empieza la pesadilla. Nadie me hab\u00eda preparado para lo que iba a viv\u00edr los d\u00edas sucesivos. El miedo atroz era lo que m\u00e1s describ\u00eda lo que sent\u00edamos en esos momentos. Miedo a enfermar, a sufrir, a perder a familiares y amigos, a ver morir, a morir&#8230; Aquella guardia de ese s\u00e1bado de marzo pod\u00eda haber sido como siempre: pacientes con dolores, gastroenteritis, \u00falceras, hipertensi\u00f3n, etc\u00e9tera, pero algo hab\u00eda cambiado. El tel\u00e9fono del centro de salud no paraba de sonar, se percib\u00eda la angustia de cada paciente describiendo s\u00edntomas compatibles con Covid-19, algunos leves, otros no ten\u00edan esa suerte. El tiempo era fundamental. Las neumon\u00edas progresaban velozmente, hab\u00eda que triar y derivar al hospital cuanto antes, a\u00fan sabiendo que estaba desbordado y que desconoc\u00edamos cu\u00e1ndo ser\u00edan atendidos. Mi compa\u00f1ero Juan, el m\u00e9dico, y yo, enfermera, acudimos a un domicilio en el que la situaci\u00f3n era dram\u00e1tica. El paciente septuagenario hac\u00eda unos esfuerzos enormes por respirar y su mujer, sin protegerse, lo atend\u00eda con preocupaci\u00f3n, sin saber que ser\u00eda su sentencia de muerte permanecer a su lado. Llov\u00eda a mares cuando nos dirigimos a otro domicilio de una paciente de 60 a\u00f1os que yac\u00eda sobre un sof\u00e0 improvisado en la salita contigua a la tienda de electrodom\u00e9sticos que regentaba su marido, quien nos relataba, sin parar de llorar, los s\u00edntomas que presentaba su esposa, su sensaci\u00f3n de &#8220;estar muri\u00e9ndose&#8221;, debilidad general, fiebre y tos. Se nos romp\u00eda el coraz\u00f3n viendo el sufrimiento de aquella mujer sin apenas fuerzas para hablar y el de su marido, impotente y desconsolado. Se le paut\u00f3 el tratamiento que en ese momento se administraba a pacientes Covid y nos fuimos a seguir nuestro trabajo, sabiendo que pod\u00eda ser la \u00faltima vez que vi\u00e9ramos con vida a la se\u00f1ora. Y nosotros, los que supuestamente cur\u00e1bamos, solo pod\u00edamos cruzar los dedos y esperar. Ma\u00f1ana pod\u00edamos ser nosotros los que sinti\u00e9ramos que la vida se nos iba por ese virus. Ten\u00edamos ganas de llorar, de gritar, de salir corriendo. Era una mezcla de sentimientos la que nos invad\u00eda, tan fuertes que no \u00e9ramos los mismos, est\u00e1bamos hundidos. Y quedaba mucho por hacer, muchas batallas que lidiar, mucho que pasar. Y as\u00ed transcurri\u00f3 aquel d\u00eda la guardia, todo era gente contagiada consultando qu\u00e9 deb\u00edan hacer. Por suerte, tuve el mejor compa\u00f1ero que se puede tener: gracias Juan por estar ah\u00ed y por luchar juntos en una guerra para la que nadie nos prepar\u00f3. Mi guardia termin\u00f3 con im\u00e1genes que permanecer\u00e1n en mis recuerdos aunque no quiera, con un sabor amargo en mi interior, con un coraz\u00f3n tocado, con el \u00e1nimo a ras del suelo, con la tristeza en los ojos y con la esperanza de que nunca m\u00e1s se vuelva a repetir. Volv\u00ed a casa con l\u00e1grimas en los ojos y sin parar de repetirme, &#8220;esto es horrible, esto es horrible&#8221;. D\u00edas despu\u00e9s volv\u00eda al trabajo, despu\u00e9s de una baja por Covid. S\u00ed, me contagi\u00e9, pero fui de las afortunadas que apenas se entera de lo que es tener el virus, aunque para evitar contagios deb\u00eda permanecer en casa hasta dar negativo en PCR. Mi primera acci\u00f3n tras llegar al centro de salud fue interesarme por aquellos pacientes que hab\u00eda visitado en mi \u00faltima guardia. El primero que vimos hab\u00eda fallecido y por desgracia su mujer que tanto lo mimaba tambi\u00e9n. Me sent\u00ed muy triste recordando los momentos que pas\u00e9 con ellos y empatizando con la pena de esa pobre hija que hab\u00eda perdido a sus padres en tan poco tiempo. Mi \u00fanica alegr\u00eda fue descubrir que la paciente de 60 a\u00f1os se hab\u00eda recuperado, en medio de esta tormenta, sal\u00eda el arcoi\u00edris. Por todas esas vidas robadas de un plumazo y la impotencia de no poder evitarlo, por las despedidas que no han sido y no podr\u00e1n ser: \u00a1seamos prudentes! Para que ese &#8220;ladr\u00f3n&#8221; llamado Covid no se lleve nuestro verano, ni nuestro oto\u00f1o, ni un segundo m\u00e1s de nuestras vidas. * Alejandra Baena G\u00f3mez es enfermera de urgencias de un centro de salud rural de Albacete. Si t\u00fa tambi\u00e9n quieres compartir tu testimonio sobre c\u00f3mo est\u00e1s viviendo la situaci\u00f3n provocada por el coronavirus puedes hacerlo escribiendo a testimonioscoronavirus@abc.es Debes indicarnos tu nombre completo, DNI y lugar de residencia. Seleccionaremos las historias m\u00e1s representativas para publicarlas en ABC.es<br \/>\nVia: <a href=\"https:\/\/www.abc.es\/opinion\/abci-alejandra-baena-carta-enfermera-rural-nosotros-supuestamente-curabamos-solo-podiamos-cruzar-dedos-y-esperar-202006100233_noticia.html\" target=\"_blank\">Carta de una enfermera rural: \u00abNosotros, los que supuestamente cur\u00e1bamos, solo pod\u00edamos cruzar los dedos y esperar\u00bb<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marzo, 2020. Empieza la pesadilla. Nadie me hab\u00eda preparado para lo que iba a viv\u00edr los d\u00edas sucesivos. El miedo atroz era lo que m\u00e1s describ\u00eda lo que sent\u00edamos en esos momentos. 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