{"id":45071,"date":"2018-06-13T05:16:09","date_gmt":"2018-06-13T03:16:09","guid":{"rendered":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/?p=45071"},"modified":"2018-06-13T05:16:09","modified_gmt":"2018-06-13T03:16:09","slug":"ministerio-de-propaganda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/theworldwidejournal.com\/?p=45071","title":{"rendered":"Ministerio de Propaganda"},"content":{"rendered":"<p>Al frente de Cultura, un tele-locutor de cr\u00f3nica rosa: la elecci\u00f3n es adecuad\u00edsima. Lamentar la realidad, de poco sirve. Y la realidad hoy es \u00e9sta: que \u00abcultura\u00bb es el saber de los que nada saben, la m\u00e1scara respetable de un mundo inane. Propaganda. En su significado m\u00e1s venerable, \u00abcultura\u00bb es \u00abanti-natura\u00bb. Y \u00abculto\u00bb se llama a aquel que s\u00f3lo al artificio otorga peso. De ello da fe el Diccionario de Autoridades, en 1726, al llamar Cultura a \u00abla labor del campo \u00f2 el exercicio en que se emplea el Labrador o Jardinero\u00bb y s\u00f3lo \u00abmetaf\u00f3ricamente\u00bb extenderla al \u00abcuidado o aplicaci\u00f3n para que alguna cosa se perficione\u00bb. El de la Academia Francesa no lo registra hasta su cuarta edici\u00f3n (1762), y lo hace en id\u00e9ntica perspectiva: \u00abLos modos que se da a la tierra para hacerla m\u00e1s f\u00e9rtil y a los \u00e1rboles y las plantas para hacerlos crecer m\u00e1s y producir mejor\u00bb. Hay que aguardar hasta su 6\u00aa edici\u00f3n (1832) para anotar c\u00f3mo \u00aben sentido figurado\u00bb, \u00abcultura\u00bb puede tambi\u00e9n aludir a \u00abla aplicaci\u00f3n que se pone en perfeccionar las ciencias, las artes y las facultades del ingenio\u00bb, en clara evocaci\u00f3n del Cicer\u00f3n que describe, en las Tusculanas, c\u00f3mo \u00abun campo, por m\u00e1s f\u00e9rtil que sea, no puede ser productivo sin cultivo, ni lo es tampoco un ingenio humano sin ense\u00f1anza\u00bb. S\u00f3lo en 1932, la 8\u00aa edici\u00f3n del Diccionario de la Acad\u00e9mie se aventura a apuntar que \u00abpor extensi\u00f3n\u2026, cultura es ahora usado, a veces, como sin\u00f3nimo de civilizaci\u00f3n\u00bb. El siglo XX ha hecho de esa met\u00e1fora del artificio que mejora lo natural, una mitolog\u00eda b\u00e1sica, una de tantas cuantas siguieron a la traum\u00e1tica muerte de Dios. Nadie ha hecho mejor que Gustavo Bueno el balance de esa religiosidad salv\u00edfica que invisti\u00f3 entonces el t\u00e9rmino \u00abcultura\u00bb, hasta envolver su uso en una liturgia tan refinada como lo fuera la de aquella Contrarreforma que \u00abtroc\u00f3 el templo en teatro\u00bb, a decir del cl\u00e1sico. A los periclitados sacerdotes los supli\u00f3 el siglo XX mediante un neologismo: \u00abintelectuales\u00bb. Claro que un intelectual puede ser locutor de televisi\u00f3n card\u00edaca. S\u00f3lo se asombrar\u00e1 de eso el que no se haya tomado la molestia de rastrear la irrupci\u00f3n del t\u00e9rmino. No, las palabras no son intemporales. Y, si es cierto que \u00abintelectual\u00bb aparece lateralmente en Saint-Simon (1821), su uso no cristaliza hasta un art\u00edculo de enero de 1898, en el mismo diario L\u2019Aurore que acababa de publicar el \u00abYo acuso\u00bb de Zola; en \u00e9l, Clemenceau arremet\u00eda contra esos defensores de Dreyfus, venidos \u00abdesde todos los rincones del horizonte para agruparse en torno a una idea que juzgan incuestionable\u00bb. Maurice Barr\u00e8s le dar\u00e1 carta de existencia en su proclama antisemita del 1 de febrero de 1898 en Le Journal: \u00abEl intelectual se define a s\u00ed mismo como un individuo cultivado pero sin mandato, que pretende aplicar su inteligencia para resolver eficazmente los diversos casos abarcados por el Caso Dreyfus&#8230; Yo no soy un intelectual\u00bb. Y otro antisemita notorio, Bruneti\u00e8re, sentenciar\u00e1 en la Revue des deux mondes: \u00abEl s\u00f3lo hecho de que haya sido recientemente creado ese t\u00e9rmino, \u201cintelectual\u201d, para designar como una especie de casta nobiliaria a las gentes que viven en los laboratorios y las bibliotecas, denuncia uno de los giros m\u00e1s rid\u00edculos de nuestra \u00e9poca: me refiero a la pretensi\u00f3n de elevar a los escritores, cient\u00edficos, profesores al rango de superhombres\u00bb. O de \u00abcl\u00e9rigos\u00bb, como escribir\u00e1, desde convicciones opuestas, Julien Benda. A favor o en contra, \u00abintelectual\u00bb se blinda como arquetipo de la primera mitad del siglo XX: es el heredero del sacerdocio humanitario, que perdi\u00f3 su vigor tras la extinci\u00f3n de las viejas religiones. De Benda a Camus y Sartre, ese prop\u00f3sito de salvaci\u00f3n contamina -a favor como en contra- la eficacia de un concepto que no es tal; s\u00f3lo consigna. Maurice Blanchot har\u00e1 balance de esa mitolog\u00eda en un art\u00edculo de 1996, tan generoso como inapelable. El oficio de \u00abintelectual\u00bb es un abuso que el escritor hace de su reputaci\u00f3n en apoyo de algo a lo cual moralmente se entrega. Pero, en ese entregarse, por admirable que sea, no hay autoridad alguna: no es el pensador, el escritor o el artista quien da su fe a una causa; la da un creyente concreto, al que nadie deber\u00eda conceder m\u00e1s cr\u00e9dito que a cualquier otro. Oficiar de intelectual es as\u00ed, tanto una traici\u00f3n como una entrega: entrega a aquellos a quienes se busca salvar, traici\u00f3n de mentir y mentirse para lograrlo. El devoto \u00abcompromiso\u00bb es una mistificaci\u00f3n. Necesaria, a veces. Pero mistificaci\u00f3n. Y se transforma muy pronto en m\u00e1quina de consagrar consignas. Aun cuando esas consignas fueran benevolentes: la buena voluntad no a\u00f1ade un punto a la justeza de lo dicho. \u00abEs una parte de nosotros mismos que\u2026 nos desv\u00eda moment\u00e1neamente de nuestra tarea\u00bb. Y Blanchot, que fue en su d\u00eda, igual que Camus o Sartre, un oficiante de esa religi\u00f3n mundana, hace el balance fr\u00edo de su gloria y de sus costes: \u00abCuando el intelectual -el escritor- se decide y se declara, sufre un da\u00f1o quiz\u00e1s irreparable. Se sustrae a la \u00fanica tarea que importa\u2026 Entre dos necesidades que se imponen sin imponerse, cede a aquella para la que est\u00e1 menos capacitado&#8230; \u00bfQu\u00e9 clase de mandamiento exterior es ese al que debe responder, que le obliga a incorporarse al mundo y asumir una responsabilidad suplementaria que puede acabar perdi\u00e9ndole?\u00bb. Tiene su nombre ese mandamiento. Aunque Blanchot no lo dice. Se llama propaganda: nombre noble, cuando la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas lo acu\u00f1a como m\u00e1quina de extender la fe. Nombre terrible en el siglo XX, cuando da en ser palanca desp\u00f3tica de los totalitarismos. El intelectual de entreguerras es una criatura de Willy M\u00fcnzenberg, aquel inmenso gestor de mitolog\u00edas stalinianas en una Europa ayuna de \u00e9pica. No, ning\u00fan fraude hay en que un locutor rosa ocupe ese ministerio. Ministerio de Cultura es ap\u00f3cope de Ministerio de Cultura y Propaganda. En breve: de Propaganda. Hubo propagandistas grandiosos: Malraux, el que m\u00e1s. Los hay irrisorios. Pero da lo mismo. Emiten publicidad: eficiente gesti\u00f3n de idiocia colectiva.<br \/>\nVia: <a href=\"http:\/\/www.abc.es\/opinion\/abci-ministerio-propaganda-201806130316_noticia.html\" target=\"_blank\">Ministerio de Propaganda<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al frente de Cultura, un tele-locutor de cr\u00f3nica rosa: la elecci\u00f3n es adecuad\u00edsima. Lamentar la realidad, de poco sirve. Y la realidad hoy es \u00e9sta: que \u00abcultura\u00bb es el saber de los que nada saben, la m\u00e1scara respetable de un mundo inane. Propaganda. 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