“¡La Feliu está viva!”

A las cinco de la mañana sonó el teléfono de pared que sus padres tenían en el comedor. “¡Que está viva! ¡Que está viva!”. Carlos Quílez, que entonces tenía 27 años, no daba crédito a lo que le contaba un guardia civil. “¿En serio?”, repetía el periodista. “Que sí, joder, Read more